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Mi identidad cubana, mi formación como restaurador de murales en edificios históricos de La Habana y mis estudios en Bellas Artes e Historia del Arte han tenido una enorme influencia en mi visión artística.

Mi proceso creativo se basa en la esencia de la “cubanidad”, una fusión de la evolución social contemporánea de Cuba con los elementos interculturales heredados de las tradiciones africanas y españolas. La identidad cubana posee cualidades perdurables donde la interculturalidad y el sincretismo son temas constantes. Estos valores se reflejan en toda mi obra.

Con estas ideas en mente, he buscado explorar la esencia de las religiones afrocubanas y su impacto en un nuevo entorno colonial. Me fascina la belleza oculta en las capas de pintura mural que se encuentran en los antiguos edificios habaneros—capas que funcionan como metáforas del complejo tejido social y cultural de la Cuba contemporánea.

Mi experiencia como restaurador y mi fascinación por las policromías enterradas durante siglos en los muros de la arquitectura colonial han sido una fuente constante de inspiración. La luz tropical cubana, que impregna estas superficies con una atmósfera barroca, junto con su deterioro físico, ha inspirado muchas de mis series dedicadas a La Habana.

En 1992 me mudé a Europa y, posteriormente, a Nueva York. Estos cambios influyeron profundamente en mi mundo artístico, ampliando mi exploración de lo local a lo universal. Comencé a integrar mi identidad cubana con temas humanos como la psicología, la filosofía y la espiritualidad, en busca de una universalidad artística.

Mi foco se dirigió hacia temas como la identidad en un mundo globalizado, la soledad, las relaciones y la arquitectura de los sentimientos. Mi perspectiva cubana se ha vuelto global, aunque sigue siendo mi ancla en esta sociedad interconectada.

La pintura gestual, el automatismo expresionista y la abstracción son los vehículos que utilizo para expresar estos conceptos. Como ciudadano global, percibo los acontecimientos políticos, sociales y culturales como reflejos que atraviesan mi conciencia, donde toman forma ideas, conceptos e imágenes.

Cuestiono constantemente el proceso creativo, consciente de que en el arte, el objecto y su representación son similares, pero nunca idénticos. El objecto percibido es solo un aspecto del objecto real. Por ello, el mundo representado en mis pinturas posee un fuerte componente subjectivo: una negociación constante entre la realidad exterior y la experiencia interior.